Europa

Día 2: San Sebastián por Gloria

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El día empezó con el desayuno ofrecido por el hostal. Con dos tostadas yo tuve suficiente.

Salimos a la calle en busca de la playa de La Concha. Cruzamos el puente de Zurriola y caminamos por la avenida del Boulevard. Al final de esta avenida se encuentra el edificio del ayuntamiento a la izquierda y un excelente mirador de la bahía de San Sebastián.

Kursaal

La ruta prevista para el sábado era recorrer la playa de la Concha hasta la escultura de Chillida, el Peine del Viento, para posteriormente coger el funicular hasta el monte Igeldo.

A simple vista, me pareció una playa pequeña. No obstante, al irla recorriendo parece que nunca se acabe. Hacía un sol radiante y un calor que empezaba a apretar. Los edificios que bordean la bahía son, en su mayoría, señoriales, legado de la época de la reina Maria Cristina como reina regente. La bahía está resguardada por los montes Igeldo y Urgull. En medio, la isla de Santa Clara los separa. La bahía la forman las playas de la Concha y Ondarrieta.

Entre las dos hay el monte Miramar, donde se alza el palacio que lleva el mismo nombre, construido por la reina María Cristina de Habsburgo. Desde el parque hay unas vistas muy bonitas de las dos playas.

Siguiendo la ruta prevista, nos dirigimos a la playa de Ondarrieta, más pequeña y familiar. Al llegar al final, hay un pequeño camino que lleva a la escultura de Eduardo Chillida, el Peine del Viento. Tuvimos suerte de que no hubiera mucha gente para poder hacer unas cuantas fotos.

Regresamos por el mismo camino y fuimos por detrás de la playa de Ondarrieta donde está la estación del funicular. Para los que somos de Barcelona, lo podríamos comparar con el funicular del Tibidabo, pero este es más antiguo y todo de madera. Hoy en día, el monte Igeldo se visita por sus espectaculares vistas de San Sebastián y por su parque de atracciones infantil de estética kitsch debido a la antigüedad de sus instalaciones.

Al bajar, fuimos hacia la plaza Alfonso XII para coger un bus y así evitar el camino de vuelta andando. Nos bajamos en la plaza del Buen Pastor, donde está la catedral del Buen Pastor. Andando, andando, llegamos a la “parte vieja” y decidimos comer en la plaza de la Constitución.

En esta plaza cada balcón tiene un número. Esto recuerda las corridas de toros que antaño se llevaron a cabo en este lugar. Comimos en la taberna Astaelena. Tienen terraza en la propia plaza, aunque si quieres comer pintxos debes pedirlo dentro y luego llevarlo tú mismo hasta la terraza. Nos pedimos una brocheta de carne, croqueta de jamón, buñuelo de carne, de bacalao, crêpe de salmón acompañado de una caña y un txakolí. En total, 10€ por persona.

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