Asia

Visita al resort Angsana Ihuru en las Maldivas

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Nuevo relato del blogtrip que hicimos a las islas Maldivas en noviembre de 2016. En este relato visitamos durante un día el resort Angsana Ihuru.

Estamos locos: ese día nos levantamos a las siete para media hora más tarde estar explorando el arrecife de coral que rodea la isla de Vabbinfaru. Por suerte, se nos unió uno de los biólogos del centro marino del hotel Banyan Tree. El plan consistía en recorrer la mitad del perímetro del arrecife, y eso hicimos. Vimos bancos de peces espectacularmente enormes que se extendían como un manto de color azul eléctrico sobre la pendiente del arrecife. Descubrimos una tortuga muy simpática que nadó junto a nosotros unos instantes. Luego nos topamos con tres amigas suyas. Peces de todos los colores. Peces trompeta, peces unicornio, peces loro… Y de súbito: un tiburón. Concretamente, un tiburón de arrecife de punta blanca (Triaenodon obesus).

Hay que confesar que la noche anterior nos había creado cierta aprensión ver los tiburones que rondan alrededor de la plataforma del muelle principal del hotel. Al parecer, un grupo de unos seis o siete ejemplares de tiburón de arrecife viven en la zona profunda del arrecife debajo del muelle (ver final de la entrada anterior para más detalles). Pero nos tranquilizó un poco que Natalia nos asegurara que estos tiburones solo comen peces pequeños y nunca han atacado a seres humanos. También nos aseguró que por la mañana suelen retirarse a descansar. Además, el hecho de contar con la presencia del biólogo maldiveño al empezar a acercarnos por allí también calmó nuestros miedos. ¡Pero no del todo!

Cuando vi que nos acercábamos a la zona del muelle, nadé un poco más deprisa y evité entretenerme a contemplar el arrecife muy de cerca. Cuando ya habíamos pasado de largo esa zona, apareció el tiburón. Y pese a todo lo dicho anteriormente, contemplar el paso de un tiburón mientras estás en el agua, a tu misma altura y a escasos quince metros de distancia, te pone en alerta de modo instintivo. Lógicamente, no ocurrió nada. Los dos tiburones que vimos pasaron de largo y se dedicaron a sus quehaceres cotidianos sin siquiera prestar la más mínima atención hacia aquellos turistas asustadizos. De hecho, aunque en las aguas de las Maldivas viven muchos escualos, en los últimos 32 años ninguno de ellos ha atacado a un ser humano.

Luego seguimos y vimos mucha más fauna acuática. Por ejemplo, vimos un banco de peces azul oscuro que descendía en recorrido espiral y giraban como si fueran un solo ser. Realmente espectacular. Finalmente, una hora más tarde volvimos a la playa. Nos habíamos ganado un buen desayuno, así que fuimos al restaurante. El buffet que nos encontramos cubría nuestras expectativas y mucho más. Había de todo. Tortillas hechas al momento, huevos de todos los tipos, fruta pelada, cortada y servida en directo, gofres, varios quesos franceses… la lista es casi infinita.

Poco después recogimos el equipo de snorkel y fuimos al muelle para embarcarnos. La lancha bimotora nos llevó al hotel de enfrente: el Angsana Ihuru. Esta isla es algo más pequeña y modesta que el Banyan Tree Vibbanfaru, pero también tiene todos los servicios que ofrece esta cadena de hoteles. Como los dos están hermanados, la lancha va de una isla a la otra cada dos horas gratuitamente. Así, si te aburres de una isla puedes pasar el día en la otra.

Nada más llegar al lugar, el mismo instructor de snorkel de aquella mañana, que era el mismo que daba de comer a las rayas (ver entrada anterior), nos condujo hasta el centro marino de la isla. Allí participamos en una actividad muy interesante, consistente en plantar corales. Los corales son organismos muy sensibles a los cambios de temperatura y al estado del agua, por lo que en las Maldivas gran parte de los que se ven bajo el agua están por desgracia muertos. Es lo que en inglés se conoce como el «coral bleaching». Sin embargo, en estos hoteles se preocupan por regenerar la flora submarina de los arrecifes, ya que son el principal atractivo turístico del país, pero sobre todo son la base vital sobre la que se asienta la fauna de las Maldivas.

Para ello, crean unas estructuras de barras metálicas interconectadas en forma de tela de araña. Luego recogen varios corales que hayan encontrado rotos en el fondo marino, pero que aún estén vivos, y los unen a la estructura metálica mediante bridas de plástico. Así, cuando luego dejan estas estructuras en el fondo del agua, los pequeños trozos de coral pueden regenerarse poco a poco aferrados al hierro y, con el tiempo, formar grandes comunidades coralinas que alberguen y alimenten a todos esos peces de colores. Es un proceso lento, ya que los corales tardan unos veinte años en regenerarse por completo. Aun así, esta actividad fue muy divertida y, lo que es más importante, muy útil para concienciar sobre la importancia de cuidar los corales.

Video: Maldives: Angsana IhuruTravel Vlog 84K (Abril 2020).

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