Europa

Dos días en Arlés: arqueología romana, Van Gogh y arte moderno

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A mediados de septiembre viajamos al sur de Francia en AVE-TGV para pasar tres días en la preciosa ciudad de Arlés. Queríamos descubrir su casco histórico Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y el parque natural de la Camarga del delta del Ródano. Con toda la información que recopilamos, en el siguiente artículo os explicamos qué ver y dónde comer durante dos días en Arlés.

Llegamos un viernes en tren. Isabel había comprado comida para llevar y la devoramos en la sala de espera del AVE. El trayecto fue muy tranquilo y muy cómodo. Los asientos son muy espaciosos, te ponen una película y puedes ver el paisaje por la ventanilla. Casi sin darnos cuenta ya habíamos dejado Girona atrás y poco después Perpiñán. El paisaje que pasaba afuera empezó a hacerse nuevo. Pasamos por arenales enormes junto al mar y vimos gente cabalgando a lo lejos. Más tarde, el sol rojo intenso se ponía por la ventana al otro lado del vagón.

Cuando ya había anochecido, llegamos a la estación del TGV de Aviñón. Nos bajamos y subimos a otro tren para ir hasta la estación del centro de la ciudad. Una vez allí, tomamos un tren de 30 minutos para llegar a Arlés. Al salir de la estación, nos estaba esperando un taxista llamado Robert, que nos llevó hasta el casco antiguo. Se disculpó por no podernos acercar más al hotel, ya que las calles estaban cortadas por las fiestas. Y es que el 9 y 10 de setiembre se celebra en Arlés la «Feria du Riz» o «Féte du Riz» que señala el inicio de la cosecha de arroz de la Camarga.

Anduvimos un par de minutos y llegamos al Hotel Spa Le Calendal. Nos acompañaron a nuestra habitación, la «Menthe 43». Y al correr las cortinas de las ventanas, se nos abrieron los ojos como platos: delante nuestro brillaban las paredes blancas del anfiteatro iluminado. Salimos al balcón y respiramos el aire nocturno. Se notaba la animación en la calle por la cercanía de la fiesta, y la música de una orquesta popular llenaba la noche.

Visita guiada por Arlés

La mañana siguiente, desayunamos muy bien en el buffet del hotel. Entre todas las opciones, disfrutamos del pan francés tostado con queso brie y también unos yogures con fresas y mermelada que preparan allí.

Al caminar por las calles con postigos de madera de color azul claro en todas las ventanas sabíamos que solo podíamos estar en Francia. Además, vimos muchos portales decorados con vides que trepan por las paredes y forman un dosel verde a su alrededor. Fuimos disfrutando de todos estos detalles y muchos otros hasta llegar frente a la oficina de turismo. Como era sábado, las paradas del mercado cubrían la calle. Vimos paradas de quesos de todo tipo, de panes apetitosos, carne, verdura, fruta y nos quedamos embobados mirando. Como el día estaba gris, nos atraían aún más los colores. Este mercado callejero da toda la vuelta al casco antiguo y es un buen espectáculo.

Poco después, Cristine nos guiaba por las calles de Arlés contándonos detalles de su historia y sus monumentos. Primero fuimos a la plaza del ayuntamiento. En el centro destaca el obelisco. A un lado, se alza la imponente fachada de la iglesia de Saint Trophine, consagrada en honor a uno de los primeros obispos de la ciudad. El portal de estilo románico tiene unos relieves espectaculares muy bien restaurados que representan escenas del Juicio Final con las que ilustrar a los peregrinos que pasaban por aquí durante la Edad Media. Arriba a mano izquierda pueden verse todos los fieles que se van a salvar, mientras que a la derecha se ve la hilera de los condenados encadenados y ardiendo en el infierno. Si te fijas, puedes ver que las llamas aún tienen restos de pintura. Esta iglesia se construyó sobre los restos de la basílica de San Esteban, a su vez erigida sobre vestigios romanos. El interior es mucho más alto que cualquier iglesia románica, ya que es de estilo gótico provenzal, característico por tener unas naves laterales bastante estrechas. Aquí puede verse un sarcófago paleocristiano usado como altar lateral. A la derecha de la iglesia hay un acceso al claustro del monasterio, donde se respira mucha paz.

Salimos de nuevo a la Place du Republique y Cristine nos enseñó los leones de piedra y la copia de la Venus de Arlés del consistorio. Después bajamos a los criptopórticos, unas galerías subterráneas de la época romana que discurren por debajo del antiguo foro romano, que hoy forma una plaza. En su momento, se usaron como almacén de grano, pero también de elementos arquitectónicos en desuso, como partes de columnas y capiteles.

Luego fuimos a ver la plaza del Foro (place du Forum) hoy repleta de bares y restaurantes. En una esquina aún pueden verse dos columnas del templo romano del foro. Al lado, está el hotel Nord Pinus donde se hospedó Picasso, y al otro lado, se extiende la terraza del bar que Van Gogh pintó de noche en su célebre cuadro «Café de Nuit». Según el artista, la noche tenía aún más colores que el día. Por eso en este cuadro el espacio de cielo nocturno alrededor de las estrellas tiene trazos de azul muy vivos y lo mismo ocurre con el famoso cuadro «Noche estrellada sobre el Ródano».

El pintor holandés pasó 15 meses en Arlés empezando en 1888 y muchos de sus cuadros más famosos los pintó aquí: como «Los girasoles» o «La habitación del artista», situada en la casa amarilla donde residió. Por cierto, que ya no existe porque durante la guerra se deterioró tanto que hubo que derruirla. También Gauguin residió en Arlés durante dos meses, invitado por Van Gogh, pero al parecer discutieron mucho y, Gauguin se marchó finalmente cuando a Van Gogh le dio un ataque y se cortó la oreja para regalársela a una prostituta. En Arlés pueden verse algunos cuadros de Van Gogh en la Fundación Vincent Van Gogh (ver más adelante).

Seguimos callejeando y pasamos frente a unas obras que algún día serán el Museo de la Provenza. La idea de crear este museo la originó F. Mistral, un escritor premiado con el Nobel por su novela Mireillo, que usó el dinero del galardón para concebir un museo que fuera como un «arca de Noé» de la cultura provenzal.

Luego pasamos por el Hôtel Dieu, un hospital construido en el s. XVI donde Van Gogh fue internado tras el incidente de la oreja. En la actualidad es un espacio cultural, con mediateca y archivo. Durante su estancia, el pintor holandés pintó el jardín interior del hospital en el cuadro «Le jardin de la Maison de Santé à Arles». En ese cuadro puede verse un hombre con sombrero de paja paseando por los porches que tal vez sea un autorretrato. Van Gogh también pintó entonces un retrato del médico que se ocupó de él. Sin embargo, este cuadro desapareció porque la madre del médico lo usó para tapar una ventana de su gallinero (!). Qué pena que Van Gogh muriera antes de que se llegara a apreciar su arte.

Más tarde recorrimos la rue de la République, que es una de las calles principales. Allí vimos un anuncio sobre la exposición que se está preparando sobre Antonelle, el primer alcalde de Arlés tras la Revolución Francesa y un personaje histórico muy interesante. Mientras cruzábamos el barrio popular de La Roquette, vimos varios palacetes del s. XVII y entre ellos el del propio Antonelle. Formó parte del club de los jacobinos y, entre otras cosas, participó en la ejecución de María Antonieta.

Luego ya salimos del casco antiguo frente a la ubicación del circo romano. En el otro extremo se alza el Musée de l'Arlés Antique, que fue construido en 1995 para exhibir los restos arqueológicos del imperio romano que se han ido encontrando en la zona. Este museo merece una visita de unas tres horas. Por desgracia, nosotros tuvimos que verlo muy rápido por falta de tiempo. Lo más destacado del museo es la colección de sarcófagos romanos, que es la más importante del mundo. Pero también pueden verse maquetas del teatro, del anfiteatro y de las termas romanas. También son impresionantes los mosaicos de casas nobles que se han recuperado, que datan del s. I a.C. Y no hay que olvidarse de la Venus de Arlés, de la que puede verse una copia, aunque la estatua original está en el museo del Louvre, en París.

Y luego está el barco, clasificado como Tesoro Nacional. Resulta que en la cuenca del Ródano, el río que pasa por Arlés, los arqueólogos han encontrado un auténtico filón de objetos de la era romana. Y el hallazgo más impresionante es la quilla de un barco fluvial de mercaderías que los arqueólogos desenterraron del lecho del río. En la sala donde está expuesto pueden verse incluso varios de los objetos que transportaba, como ánforas y piedras de cantera. También se sabe que transportaba cabras por los pelos de este animal que se han podido encontrar. Hasta se sabe que en la sección de popa iban tres marinos que conducían el timón y que comieron uvas antes de hundirse en el agua por una súbita crecida del río.

Finalmente, visitamos la exposición temporal del museo, Le luxe dans l'antiquité, que está dedicada al lujo en tiempos del imperio romano. Aquí pueden verse joyas procedentes de colecciones de toda Francia. Es sorprendente comprobar el nivel de técnica y detalle de la orfebrería romana en brazaletes y estatuillas. Y también comprende unos frescos murales recuperados no hace mucho que recuerdan a los murales que pueden verse en Pompeya. Esta exposición estará en el museo hasta el 21 de enero de 2018.

La historia romana de Arlés salta a la vista por el anfiteatro romano y el teatro antiguo del casco viejo de la ciudad. Los romanos la llamaron Arelate, que significa «lugar cerca de pantanos y lagos» y ya existía antes de su llegada como una población medio griega y gala. Fue Julio César quien dio importancia a Arelate por estar en una confluencia de caminos y como base para su conquista de la Galia. Las tierras alrededor de la población se ofrecieron a los veteranos de las conquistas en honor a sus méritos. En la orilla derecha del Ródano se elevaban las mansiones de los ricos y el puerto fluvial. En la izquierda, se alzaba la ciudad en sí, que presumía de tener anfiteatro, teatro y circo. Las dos orillas estaban conectadas por un puente de madera. En 2007 se encontró un busto de Julio César que se considera uno de los pocos retratos hechos durante su vida.

Volviendo del museo, visitamos los restos de las termas de Constantino, del s. IV. Se piensa que se llaman así porque un hijo de Constantino, el primer emperador cristiano, parece que se hizo construir un palacio en Arlés. Las termas tuvieron unos ocho mil metros cuadrados, recibían el agua de un acueducto y echaban el agua usada al río Ródano. Eran unas termas con todas las de la ley, es decir, con dos piscinas calientes, con tuberías para dejar salir el vapor, con su laconicum o sauna y con su gimnasio y piscinas de agua fría.

Aunque no llegamos a entrar, pasamos frente al museo Réattu, situado en el antiguo palacio del priorato de la Orden de Malta. Este museo contiene obras de artistas arlesianos como Jacques Réattu, obras de fotografía, algunas obras de Picasso y una colección de tapices titulada «Las siete maravillas del mundo».

Arlés es capital internacional de la fotografía, y por eso cuenta con una escuela de fotografía muy cotizada. Solo los mejores pueden entrar y está ubicada en un palacete del s. XVI.

Finalmente, llegamos al teatro antiguo de Arlés, que originalmente tenía capacidad para diez mil espectadores. Como ya habíamos visto la maqueta del teatro completo en el museo, nos costó menos imaginarnos cómo habría sido en su época de esplendor a partir de las ruinas que quedan hoy en día. Las gradas se conservan muy bien, así como las dos columnas del espacio escénico, apodadas «las dos viudas». El mármol de la orquesta procede de Túnez y las más de cien columnas del espacio escénico se hicieron con mármoles de Italia y África. Después de teatro, fue monasterio, luego barrio y más tarde museo arqueológico. Finalmente, hoy en día vuelve a usarse para representar obras de teatro. Y durante el festival romano de Arlés, que se celebra a finales de agosto, se organiza un festival de películas del género «peplum» como Ben-Hur o Gladiator. No se me ocurre un mejor lugar para verlas.

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