Europa

Explorando el Perigord Negro: Montignac, Lascaux y Saint-Léon-Sur-Vézère

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Las previsiones meteorológicas una vez más acertaron el pronóstico y ese día nos acompañó la lluvia durante casi toda la jornada. Por eso decidimos dedicar una parte del día a visitar la cueva de Lascaux. La cueva de Lascaux está decorada por unas de las mejores pinturas prehistóricas descubiertas hasta la fecha. Sin embargo, actualmente no se puede visitar la cueva original, debido a que el exceso de visitantes empezó a estropearla. Lo que sí se puede visitar es la réplica que hicieron a escasos metros de la original.

La compra de las entradas a la cueva se tiene que hacer en el cercano pueblo de Montignac, ya que en la misma Lascaux no se venden. Montignac está situado a unos treinta minutos de Sarlat y está dividido por el río Vézère. Nada más llegar, dejamos el coche y fuimos a buscar algún sitio donde desayunar. Encontramos un bar que tenía un menú de bocadillo más bebida por 5,50€. Me pedí un croque-monsieur, que es como en Francia se conoce al bikini o al sándwich mixto. La diferencia del nuestro al suyo es que el queso interior tenía una textura como si fuera salsa bechamel de queso. Tras desayunar fuimos a buscar las entradas de Lascaux que se venden en una oficina adyacente a la de turismo y después de conseguirlas nos fuimos para la cueva.

La cueva de Lascaux fue descubierta en 1940 por cuatro adolescentes que estaban buscando a su perro que se había perdido. Cuando estos entraron se quedaron maravillados con las pinturas de bueyes, caballos y otros animales que encontraron pintadas en sus paredes. Las pinturas tienen entre unos 15.000 y 17.000 años de antigüedad. Lo que actualmente se visita es Lascaux II, cueva que fue recreada minuciosamente por un artista siguiendo las técnicas de la época y usando los mismos pigmentos. La reproducción tardó seis años en acabarse y fue inaugurada en 1983. A pesar de que no se reprodujo la totalidad de la cueva original, la parte reproducida es la que acumula mayor número de pinturas. Durante el recorrido nos explicaron cómo se descubrió y qué materiales y técnicas utilizó el hombre prehistórico para hacerlas. Realmente muy interesante e impactante.

Al salir de la cueva nos dirigimos al pueblo de Saint-Léon-sur-Vézère, que es un pequeño pueblo situado en un meandro del río Vézère. El pueblo cuenta con un par de castillos (que están cerrados al público) y una iglesia románica del siglo XI. El problema fue que cuando llegamos allí llovía tanto, que la visita no era nada agradable. Así que tras dar una breve vuelta, decidimos volver al coche y poner dirección al hotel.

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