Europa

Excursión a la reserva natural de la Camarga desde Arlés

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Durante la escapada de tres días a Arlés dedicamos un día a hacer una excursión a uno de los parajes naturales más bonitos del sur de Europa: la reserva natural de la Camarga. A continuación puedes leer qué hacer, qué ver y cómo ir hasta la Camarga desde Arlés en transporte público.

Ya cuando fuimos a Nîmes nos quedamos con las ganas de ir a la Camarga. Por eso, cuando vimos que desde Arlés se podía llegar en autobús a la población de Salin-de-Giraud, nos fuimos para allí directos. El día anterior nos estuvimos informando en la oficina de turismo de Arlés cómo ir a la Camarga en bus y qué itinerarios podíamos hacer allí. En la oficina de turismo venden un libreto (8,5€) con las diferentes rutas que se pueden hacer por la zona, ya sea andando o en bicicleta, y te indica el tiempo orientativo que se tardan en recorrer.

Al no disponer de mucho tiempo, decidimos alquilar una bicicleta en Salin-de-Giraud Centre para hacer un par de senderos. En septiembre ya está en funcionamiento el horario de invierno de los autobuses, así que la frecuencia es mínima. A eso se sumó que era la Feria del arroz ese día, por lo que el autobús salía una hora más tarde y volvía a Arlés una hora antes. Y eso nos dejaba menos tiempo para disfrutar de la zona y el paisaje.

El autobús número 10 conecta Arlés con Salin-de-Giraud en más o menos una hora y cuesta 1€ (se paga al conductor). Bajamos en la parada Salin-de-Giraud centro para recoger las bicicletas que teníamos reservadas (15€). Le explicamos al propietario los senderos que queríamos recorrer ese día y nos aconsejó usar BTT. Cruzando la plaza des Gardians está la panadería Lorana, donde compré unos bocadillos para comer durante la ruta.

La reserva regional de la Camarga se sitúa en el golfo de León y el parque natural fue creado en 1970 con la misión de conciliar el crecimiento humano con la conservación del medio ambiente. Tiene una extensión de 100.000 hectáreas distribuidas entre tres poblaciones: Arlés, Les Saintes-Maries-de-la-Mer y Port-Saint-Louise-du-Rhône.

El parque hace gran hincapié en su conservación y muchas zonas no son accesibles en coche, por lo que es ideal para recorrerlo a pie, a caballo o en bicicleta aunque el viento no lo haga una tarea fácil. El famoso viento de mistral, el mismo que dicen que hizo volver loco a Van Gogh, nos hizo la puñeta durante nuestra visita por la Camarga. Por qué no decirlo: una bicicleta eléctrica hubiera facilitado nuestra visita, así que tomad nota. 🙂

Hay 14 senderos para poder descubrir la Camarga, y lo genial del libreto que venden en la oficina de turismo de Arlés es que te da el tiempo orientativo que se tarda en recorrerlos, ya sea en bicicleta o a pie. Valorando el tiempo que teníamos, optamos por recorrer el sendero número 9: flamencos rosas y salinas. Este recorrido de 29 km se tarda unas 4 horas en recorrer en bicicleta y 6 caminando.

El itinerario se inicia en Salin-de-Giraud, población famosa en su día por la explotación de las salinas y que experimento un gran boom a finales del siglo XIX. En ese periodo, muchos obreros se desplazaron hasta allí para trabajar en la explotación de la sal y se construyeron viviendas para alojar a las familias que allí se instalaron. Esos edificios aún se mantienen y se consideran históricos. A Salin-de-Giraud emigraron familias procedentes de España, Italia y Grecia, y de aquella época todavía se conserva una iglesia ortodoxa.

Pedaleamos por la carretera D36 en dirección a Arlés. Se pedalea por la carretera, pero pasaba poco tráfico. Dos kilómetros más tarde, encontramos un desvío a mano izquierda en dirección a la reserva de la Camarga. Allí nos adentramos en la carretera D36c.

Al llegar al Mas Cameroun decidimos seguir en dirección al Mas Saint-Bertrand. Por este tramo de carretera fuimos viendo campos donde se crían toros en libertad y majestuosos caballos blancos en algunas fincas. Los toros son una importante tradición provenzal y en el parque natural de la Camarga se crían en libertad ayudados por los Gardians, jinetes que cabalgan los caballos. Si os interesa conocer más esta tradición, la monta camarguesa y la carerra «à la corcarde» lo podéis hacer en La manada Jacques Bon en Le Sambuc.

Dejamos atrás la carretera pavimentada y nos adentramos en un camino de arena un poco tortuoso. Y poco a poco empezamos a divisar la tierra blanca de las salinas. Llegamos hasta el punto de observación de flamencos. Allí había algunos bancos en una pequeña plataforma de madera donde aprovechamos para comernos el bocadillo mientras disfrutábamos del paisaje. A lo lejos divisamos unos puntitos rosas que eran grupos de flamencos, que pocas semanas más tarde dejarían la marisma para emigrar a tierras más cálidas.

Seguimos pedaleando por el camino hasta llegar a una barrera que estaba cerrada. Allí había una señal que indicaba que está prohibido circular en coche, pero sí es apto para ciclistas y senderistas. Esa zona es la que más nos gustó del itinerario. Aquí nos adentramos en una pequeña parte el dique marino (Digue à la mer), una estructura para prevenir inundaciones que se construyó a finales del siglo XIX junto a la costa litoral del delta del Ródano.

Fue fantástico recorrer este tramo en bici. Las maderas secas que delimitaban el dique, la sal blanquecina, el agua, y la espuma que el viento arrastraba hacia el camino formaban un conjunto mágico. Además, en este tramo el viento soplaba en nuestra dirección, y eso hizo muy fácil pedalear. Fue una sensación extraña que nos hacía reír sin querer: aunque levantaras los pies de los pedales, el viento te empujaba por la espalda y te deslizabas sin esfuerzo por el camino. Aquí nos concentramos únicamente en disfrutar del paisaje.

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