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Fin de semana de aventura y gastronomía en la Garrotxa, Catalunya

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La Garrotxa es una comarca catalana de la provincia de Girona que goza de un paisaje espectacular en el Prepirineo, una gastronomía deliciosa y pequeños pueblos con mucho encanto. Por eso es una de las zonas favoritas de Catalunya para perderse. Durante el mes de julio nos escapamos un fin de semana a la Garrotxa para disfrutar de mi regalo de 40 cumpleaños. Un fin de semana lleno de buena gastronomía, mucha aventura y salpicado de visitas a pueblos medievales. Si os preguntáis qué se puede hacer durante un fin de semana en la Garrotxa no os perdáis lo que sigue.

Montar en globo y sobrevolar la Garrotxa

El motivo principal de nuestro fin de semana en la Garrotxa era hacer un vuelo panorámico en globo. Era una de mis mayores ilusiones y fue mi regalo de 40 cumpleaños. A las siete de la mañana teníamos que estar en las instalaciones de Vol de Coloms. Aparcamos y vimos que en la explanada ya estaban montando los globos aerostáticos.

Esa mañana cuatro globos surcarían los cielos de la Garrotxa. El nuestro era el Besalú, un globo de 27 metros de altura y 26 metros de diámetro y nuestro conductor Pepe, que era tan divertido como veterano. A sus espaldas se acumulaban más de 30 años de experiencia pilotando globos aerostáticos.

Sobre las ocho de la mañana nos introducimos en la cesta del globo los doce pasajeros que compartiríamos el vuelo y cuando estuvimos preparados, la cesta empezó a despegarse del suelo. Poco a poco, fuimos tomando altura. En esos momentos parece que el globo apenas se mueva y es todo muy placentero. Se suelen hacer los vuelos en globo a primera hora de la mañana porque la atmósfera está más fría y por tanto más estable.

Fuimos tomando altura, primero 1500 metros y, cuando tuvimos el permiso del aeropuerto de Girona, subimos hasta los 2500. En ese punto nos unimos a la corriente del viento para que el globo se fuera desplazando. A pesar de que vas a 22 kilómetros por hora, no tienes sensación de estar en movimiento. Parece que simplemente estés flotando por el aire. A nuestros pies, el paisaje único de la Garrotxa: una orografía única creada por cuarenta volcanes inactivos.

Sobrevolamos el parque natural de la zona Volcánica de la Garrotxa, con los míticos volcanes Croscat y Santa Margarida a nuestros pies. También vimos los Pirineos y el Canigó, el pantano de Susqueda y el santuario del Far y hasta el Cap de Creus y les illes Medes. Todo ello amenizado con una copa de cava rosado y un poco de coca de llardons.

La hora y media que dura el vuelo pasó literalmente volando y tocaba buscar una zona donde aterrizar. Pepe nos comenta que en verano es más sencillo encontrar un buen sitio. Cuando los campos están sembrados es un poco más complicado porque, obviamente, no es cuestión de aplastar la cosecha de nadie. Poco a poco empezamos a bajar y, como la cesta no tiene amortiguadores, cuando estuvimos a punto de tocar tierra flexionamos las rodillas. En el campo ya nos estaba esperando una furgoneta para llevarnos de vuelta a las instalaciones.

De los doce pasajeros, seis nos quedamos a ayudar a guardar el globo. Si ya me parecía complicado doblar la colchoneta de camping en el viaje a Namibia, imaginaos un globo aerostático de esas dimensiones. Pero pim-pam-pum, rápidamente el globo estuvo doblado y todos en la furgoneta, de camino al desayuno. El globo había sobrevolado una distancia de 21 km que por carretera se convertían en 50 km.

Al llegar a las instalaciones de Vol de Coloms, el desayuno nos aguardaba. Desayuno de pagès con productos de la tierra: embutidos acompañados de pan con tomate, butifarra a la brasa con fèsols de Santa Pau, allioli, vino y gaseosa. De postre: yogures de La Fageda. Acabamos muy llenos, y para bajar la comida decidimos subir al cercano volcán Santa Margarida que habíamos visto a vuelo de pájaro.

Subir a un volcán inactivo: Santa Margarida

Como a esas horas de la mañana apretaba bastante el calor, decidimos solo subir al volcán Santa Margarida, ya que, a diferencia del volcán Croscat, gran parte de la subida tiene sombra. Dejamos el coche en el aparcamiento del Santa Margarida (4€ todo el día) y nos dirigimos hacia el inicio del sendero. El sendero número 1 tiene una longitud de 11 kilómetros y sale de La Fageda d'en Jordà (Olot) para recorrer el volcán Santa Margarida y el volcán Croscat. Se suele tardar unas cinco horas y nos recomendaron que, de hacerlo, lo ideal es empezar por el volcán Croscat porque, como el camino no tiene sombra, es mejor ascenderlo antes de que el calor apriete.

Desde el aparcamiento hasta la cima del volcán son unos 30 minutos durante los que se ascienden los 700 metros de altura del volcán. No es una subida muy exagerada y se puede hacer paseando bastante bien. A mitad de camino nos topamos con una masia construida en 1793, junto a la que encontramos una máquina de bebidas, muy al estilo Kumano Kôdo en Japón. Al llegar a lo alto del volcán, la vegetación impide ver el fondo del cráter, pero un pequeño descenso permite llegar hasta el fondo. Allí nos topamos con la ermita de Santa Margarida de Sacot, de estilo románico, aunque la que se conserva en la actualidad es una reconstrucción del 1865. La original quedó destruida tras los seísmos que ocurrieron en Catalunya entre 1427 y 1428.

Podéis encontrar más información del Sendero 1 de la Zona volcánica de la Garrotxa: La Fageda d'en Jordà-volcán santa Margarida-volcán del Croscat en el la web de Parcs Naturals de la Generalitat.

Visitar pueblos con encanto de la Garrotxa: Santa Pau y Els Hostalets

En la zona de la Garrotxa hay una gran cantidad de pueblos con encanto. Al disponer de solo dos días, visitamos Santa Pau y Els Hostalets, pero si disponéis de más tiempo recomendamos mucho pasear por Besalú, Castellfollit de la Roca, Mieres, Sant Joan de les Fonts, Sant Feliu de Pallerols y Tortellà.

Castellfollit de la Roca

Vista a Santa Pau

Santa Pau es una singular villa medieval rodeada de volcanes donde destaca su plaza porticada, el castillo abandonado y las casas de piedra que se alinean a través de un entramado tortuoso de calles. Hay una zona de aparcamiento cerca del núcleo antiguo, pero nosotros aparcamos a las afueras del pueblo antiguo, para empezar nuestra visita por la Plaza del Mirador. Desde este punto privilegiado podemos disfrutar de una panorámica del casco medieval del pueblo, con las casas encastradas en la muralla, el campanario de la iglesia y la silueta de castillo.

La siguiente parada es el actual ayuntamiento, que se alza en un antiguo edificio modernista que se construyo en 1928, único ejemplo del novecentismo que encontramos en Santa Pau. Siguiendo hacia el núcleo antiguo encaramos la calle Ponts. Esta calle construida fuera de las murallas destaca por los gravados que encontramos en sus dinteles que nos informan sobre quién había habitado esa morada, en qué año se construyó e incluso su oficio. Cruzamos el puente románico que cruza el río Ser. A mano derecha nos topamos con la zona del aparcamiento y mapa con los puntos de interés del pueblo. A mano izquierda tomamos una calle empinada que nos adentrará al casco medieval de la villa de Santa Pau.

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