América

Excursión a las Salinas Grandes desde Tilcara

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Continuamos nuestro viaje por Argentina y seguimos explorando las maravillas de la provincia de Jujuy. En este relato, os explicamos la excursión que hicimos por libre a las Salinas Grandes. ¿Os apuntáis?

Salió el sol y con más de ocho horas de sueño en el cuerpo todo se veía con mucho más optimismo que el día anterior. Estábamos en Tilcara, en la quebrada de Humahuaca, y queríamos aprovechar al máximo el tiempo hasta el mediodía, cuando debíamos regresar a Salta. Desde que había visto las fotos en Internet estaba deseando visitar las Salinas Grandes y el cerro de siete colores. Un contraste de colores, tierra y cielo que nos había hecho soñar con el rincón de mundo donde estábamos ahora.

Carretera a las Salinas Grandes

Desayunamos en el hotel, el Hostal Antigua Tilcara, y le preguntamos a una de las chicas de recepción si se tardaba mucho en llegar a las Salinas Grandes. La distancia en kilómetros era poca, unos 90 kilómetros, pero las condiciones de la carretera impedían recorrer esa distancia en menos de dos horas (no os fieis de los tiempos que da Google Maps). Salimos pronto para evitar todo el calorazo en medio de las salinas. Tomamos la carretera a Pumamarca y de allí la carretera hacia Susques. Pasamos de largo ante el famoso cerro de siete colores con la intención de visitarlo a la vuelta. Desde ese punto la carretera empezó a ascender la montaña y mucho, hasta que llegamos a alcanzar más de 4300 metros de altitud.

Ese punto blanco que se ve al fondo son las Salinas Grandes

Para llegar a esa altura ascendimos por una carretera serpenteante, en la que el asfalto había desaparecido en algunos tramos. Con tanta curva, subida y bajada entendimos por qué se tarda tanto en recorrer noventa kilómetros.

Llegando a las Salinas Grandes vimos vicuñas. ¡Qué bonitas!

Dos horas más tarde, el horizonte se amplió de repente al llegar a las Salinas Grandes. La carretera cruza una parte de la salina y, al cabo de poco, vimos una zona de aparcamiento con una llama de cuatro metros hecha de sal y una caseta donde contratar la visita guiada.

Una llama gigante de sal y un puesto de venta de recuerdos.

Visitar las salinas grandes por libre es la mar de sencillo. Simplemente hay que ir allí y contratar la visita con un guía de la zona en la caseta. No podéis entrar en las salinas con el coche por vuestra cuenta y tampoco os lo recomiendo. Pagamos 200 pesos por coche y un guía local se subió con nosotros y nos indicó por dónde teníamos que conducir.

Las Salinas Grandes ocupan parte de las provincias de Jujuy y Salta, y tienen una extensión de 212 kilómetros cuadrados. Una empresa minera se encarga de la explotación comercial de la sal. Nuestro guía, de cuyo nombre no puedo acordarme, nos indicó que aparcáramos el coche. En medio de la extensión blanquecina se abrían unos agujeros que nos mostraban unas aguas azul turquesa impresionantes.

El guía nos explicó que todo el fondo de la salina es un lago, pero que la densidad de la sal del agua hace que se forme una capa de salitre que tiene una media de 30 centímetros de grosor. Eso significa que en algunas zonas la capa es más gruesa y en otras, mucho más fina. Quedaos con ese dato.

Me acerqué al agujero para ver el agua más de cerca y el guía me advirtió que vigilara, ya que los bordes se podían hundir y más de una vez habían tenido que sacar a un visitante del agua. Volvimos al coche para conducir hasta otro punto de la salina para ver otros agujeros de agua, pero estos creados por el hombre.

Me las prometía muy felices…

El suelo está dibujado con un patrón de panales creados de costra salina, con un interior de color tierra, y unas líneas un poco más claras que lo definen. Al caminar hacia los agujeros el guía nos señaló un punto: las zonas donde el suelo es más blanco significa que la capa de sal es más fina y se puede romper. Así que vigilad dónde pisáis.

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