América

Segundo viaje a Nueva York: Tim Burton, Coney Island y Brighton Beach

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A veces sin proponértelo, las cosas pueden acabar saliendo de una manera, que aunque planeada, no esperas que sea tan chulo y a la vez tan «friki».

Esa mañana Gemma tenía que ir a comprar una cámara por encargo. Su hermana le había pedido una cámara de fotos y quería ir a la tienda B&H, tienda enorme delante del Madison Square Garden. Ésta megatienda de varias plantas está regentada por judíos ortodoxos (los que llevan kiphá, barba y tirabuzones). Ella me dijo que no era necesario que la acompañara, pero no sé por qué sentí que eso era algo que tenía que ver.

Una vez hecha la compra, se pasa a pagar y finalmente recibes el producto.

Llegamos a la tienda, que tiene varias plantas, y había personal por todas partes. Nada más llegar nos preguntaron qué era lo que queríamos comprar y nos indicaron a qué planta teníamos que subir. Una vez en la planta de fotografía, le decías a otro señor la marca y él te indicaba la zona donde estaban. Para acceder a los mostradores había que hacer una cola y, cuando había un vendedor libre, te decían a cuál tenías que ir. Súperorganizado. Nuestro vendedor llevaba la kiphá, barba y aunque tenía una cara muy seria y seca, la fluidez de sus palabras era impactante.

Nos despistamos en el metro y acabamos en Columbus Circle

Nos enseñó la cámara que queríamos comprar y entonces sin variar su serio tono de voz y semblante nos empezó a ofrecer accesorios: una funda, una tarjeta de memoria, un cargador, un adaptador de corriente, un filtro… ¡No veas con el hombre, su técnica innata hizo que Gemma se llevará casi media tienda! Al final ella se plantó y, mientras rellenábamos el formulario, de compra le dijo:

-También puedo ofrecerle una garantía extra de tres años que puede utilizar en España -aquí Gemma le fulminó con la mirada en plan «he dicho qué no quiero nada más»-, no para que lo compré ahora, le informo por si en un futuro…

El MOMA está cerca de Rockefeller Center y del Radio City Music Hall.

¡Ja, ja! ¡El vendedor no dejaba escapar ni una! Lo más curioso de esta tienda, es que la mercancía no la tocas hasta que has pagado y has de salir por la puerta. Cuando decides qué quieres, te dan un recibo. Entonces vas a caja, pagas y, una vez has pagado, vas con el tíquet de compra a otro mostrador y allí te dan tu preciada mercancía.

Una vez fuera de la tienda salimos directas a buscar el metro porque a las 10.30 habíamos quedado con el responsable de prensa del MOMA para ver la exposición de Tim Burton. Sin embargo, tuvimos una distracción (la única en todo el viaje) y sin querer acabamos en Columbus Circle. Como no sabíamos si teníamos que ir a la derecha o a la izquierda, si subir o bajar, y viendo que llegábamos tarde, subimos a un taxi que nos dejó en la puerta del MOMA.

Entrada a la exposición de Tim Burton en el MOMA

No soy fan de los museos, creo que eso ha quedado claro en este blog anteriormente, pero la exposición temporal de Tim Burton en el MOMA es muy buena. Entramos por la recepción de visitantes y bajó a recibirnos y acompañarnos Paul Jackson. Dios mío, desde que nos vimos empezó a hablar a trescientos mil por hora, tan rápido que tuve que poner todos mis sentidos arácnidos en activo y seguir el gran consejo de mi amiga Azuki cuando hacíamos kikitoris (¡Tsuki, nada de irse a la luna a partir de ya!) para poder entender todo lo que nos decía.

Portada del libro sobre la exposición

La exposición está dividida en tres partes. La primera con dibujos hasta los diecisiete años. Dibujos buenos, aunque «normales». Los de un estudiante de clase media de un pueblecito de la soleada California. La segunda parte es más «Tim Burton», dibujos, óleos, bocetos, etc., originales. No sé qué le pasó, seguramente algún trauma inexplicado, pero entonces nació el genio. La tercera parte de la exposición consistía en elementos de sus películas: la máscara de Batman, el traje de Catwoman, la capa del jinete sin cabeza de Sleepy Hollow, muñecos de La novia cadáver y bocetos de sus películas, entre ellos de la última: Alicia en el país de las maravillas, que se estrena el 5 de marzo.

Al salir de la exposición volvimos a casa de Orestes para dejar el material y la cámara de fotos que habíamos comprado, qué pesaba como un muerto, para ir a pasar lo que nos quedaba de horas de sol en Coney Island.

Coney Island está a una hora de Manhattan en metro y es famosa por su parque de atracciones, que ahora llamaríamos «retro», su paseo marítimo a las orillas del Atlántico y el barrio ruso de Brighton Beach.

El Nathan's Famous, famoso por sus perritos calientes de carne de res

¡Y la fama es mereciNos bajamos en la parada de metro Coney Island-Stillwell Ave. (D, F, N y Q) y, nada más salir de la estación, nos topamos con el Nathan's Famous, famoso por ser uno de los mejores sitios donde comer perritos calientes y también por ser el organizador del concurso internacional de comedores de hot dogs que se celebra cada 4 de julio. En la edición del 2009, Joe Chestnut (aka José Castaña) consiguió revalidar el título comiéndose la friolera de 68 hot dogs en 10 minutos (hasta hay rondas clasificatorias regionales). Y como teníamos un pelín de hambre entramos a probarlos, y la verdad es que estaban muy buenos.

Video: My Friend Irma: Lucky Couple Contest The Book Crook The Lonely Hearts Club (Abril 2020).

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