Asia

Qué ver en Yakarta (no mucho)

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No vale la pena pasar ni un solo minuto en Yakarta. Siento empezar el último relato del viaje a Indonesia con esta afirmación tan rotunda y negativa, pero esa es mi opinión. Lo malo es que a mí personalmente no me gusta apurar mucho cuando tengo un vuelo internacional y preferí volver la noche antes a Yakarta por si había algún problema con los vuelos internos, para tener así un poco más de margen.

Estación de tren de Kota

Estuvimos en el hotel hasta las doce, cuando nos vimos obligados a hacer el check-out. Dejamos las maletas en la recepción y nos dirigimos al centro. Le pedimos al taxista que nos llevara a la estación de tren para luego ir andando por los alrededores y todo era desolador: calles y edificios destartalados, caos circulatorio y mucha contaminación. La actual Kota era la antaño Batavia, centro de la colonia holandesa.

Plaza Taman Fatahillah

Fuimos sorteando los coches como buenamente pudimos hasta llegar a la plaza Taman Fatahillah, que estaba llena de jóvenes que disfrutaban de una mañana soleada y de puestos donde alquilaban bicicletas con sombreros a juego. Esta plaza fue el único lugar de Yakarta que vimos adecuado para pasear a gusto. En ella, en un lugar destacado se sitúa el Café Batavia, un restaurante de estilo art decó colonial en el que entramos a refugiarnos del calor.

Bicis con sombrero a juego.

A mí, que personalmente me gusta mucho el estilo art decó, me encantó el ambiente del Café Batavia, lo que no me gustó tanto fue la clavada que nos metieron por una Coca-cola: 32.000 rupias (2,60€) que, para tratarse de Indonesia, me parece extremadamente caro y muy colonial.


Tras reponer fuerzas, seguimos paseando por el Kali Besar, que es el canal que atraviesa la ciudad y en el que a su alrededor, teóricamente, aún conserva algunas residencias de la época colonial, pero están todas en tal mal estado que casi no se pueden apreciar. Además, el canal está tan lleno de porquería que literalmente apesta, con lo que el paseo no fue muy agradable.

Interior del Café Batavia

Anduvimos durante un kilómetro para ir hasta el puerto, porque un chico portugués que conocimos en Yogyakarta nos lo había recomendado, y nos había dicho que las embarcaciones típicas que hay atracadas allí son muy curiosas. De la plaza al puerto hay que ir por una zona que está bastante destartalada. En otro país me hubiera dado miedito pasar por allí.

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