África

De Queen Elizabeth a Bwindi o "La peor noche de nuestra vida"

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He aquí un nuevo relato del viaje a Uganda que hicimos en octubre de 2012. En esta ocasión os narraremos la peor noche que hemos vivido nunca en un viaje. Porque al viajar no siempre todo es maravilloso y en Technicolor y quien diga lo contrario miente o no ha viajado intensamente.

Esa mañana terminaba el safari que habíamos contratado con Red Chili. Antes de empezar el largo camino de vuelta a Kampala, hicimos un taller para aprender a hacer collares tradicionales con las mujeres de la comunidad de Kikorongo. El siguiente destino después del safari en el Queen Elizabeth era el Parque Nacional del Bosque Impenetrable de Bwindi, que según el mapa parecía estar al lado. Así que pensamos: «¿Para qué hacer las ocho horas de coche hasta Kampala y volver otra vez hacia el sur chupando quince horas de autobús cuando ahora mismo estamos tan cerquita?

¿Veis lo cerca que están los dos parques?

Así que indagamos si había alguna manera de ir del Queen Elizabeth NP hasta Bwindi en transporte público o taxi. Desde allí no había ninguna línea de autobús que conectara las dos zonas y el transporte público se limitaba a los matatus (furgonetas compartidas), pero nadie sabía a ciencia cierta si ese recorrido se podía cubrir enlazando diversos matatus y en un solo día. Quedarse tirado en medio de la nada al caer la noche era una posibilidad muy grande. La única opción viable era ir en taxi y el hotel nos ofreció ir con un conductor local por 90€. De esta forma llegaríamos a Bwindi en menos de cuatro horas. Nos pareció la mejor de las ideas.

Esa mañana aprendimos a hacer cestos.

Una vez acabado el taller de artesanía, nos pusimos rumbo a Bwindi. El 80% de las carreteras por las que transitamos estaban sin asfaltar. Nos encontramos con una carretera tan embarrada que hasta se había quedado atascado un camión, y después una pista tan seca que solo había polvo por todos lados. Le pedimos a nuestro conductor si podía parar en algún banco para poder cambiar dinero y encontramos uno en medio de la nada, en un pueblo que parecía sacado del lejano oeste pero en versión africana.

Aprendiendo a hacer collares

Más adelante, el coche pasó por delante de un campo de refugiados de la ONU que nos recordó que nos acercábamos a la frontera con la República Democrática del Congo. Un amigo dice que todos los países que tienen alguna variación de la palabra democracia en su nomenclatura es porque precisamente el país carece de ella y el Congo es un vivo ejemplo de ello.

Estas piezas se hacen con recortes de revistas.

A mediodía llegamos a Butogota, un pueblo a diecisiete kilómetros de Bwindi NP y donde sale el autobús de vuelta a Kampala. Le pedimos al conductor que nos dejara allí, lo que fue un error garrafal y el inicio del declive del viaje a Uganda.

Nuestro transporte de Queen Elizabeth a Bwindi

Nuestra intención era tener controlado el autobús para saber horarios, (el autobús sale a las 4am, esta información la obtuvimos nada más llegar) y, por qué no admitirlo, como llegábamos un día antes y dormir en Bwindi era muy caro, decidimos dormir en Butogota porque salía mucho más barato. En esos momentos teníamos el espíritu aventurero a niveles muy altos, y de ahí que la caída fuera tan grande. No sabéis lo que nos llegamos a arrepentir de no querernos gastar 120$ extra.

Parada en Kihihi para ir al banco.

Llegados a este punto, es necesario poner algunos antecedentes sobre la mesa para que se entienda lo que ocurrió más tarde. Este era el primer viaje que hacíamos a una región con malaria y, por tanto, la primera vez que tomábamos Malarone, el profiláctico para esta enfermedad. El Malarone puede producir algunos efectos secundarios; por ejemplo, en 1 de cada 100 personas puede dar insomnio, en 1 de cada 1000 ansiedad y en casos muy pero que muy raros, paranoia. Pues bien, el sino quiso que Isabel fuera de ese «1 entre un millón» y cuando llegamos a Butogota llevaba días con esos síntomas adversos.

Calle principal de Butogota

Nos alojamos en el único motel en funcionamiento del pueblo: el Green tree hotel. Era muy básico, las habitaciones estaban dispuestas alrededor de un patio y tenían una cama, un baño que en lugar de ducha tenía un grifo y un cubo, y una mosquitera llena de agujeros. En realidad no estaba tan mal, en el viaje a la India Isabel estuvo en sitios peores y mucho más sucios.

Hotel Green Tree en Butogota

El hotel solo tenía un bar sin restaurante así que salimos a la calle para ver si encontrábamos algún sitio para comer. Butogota es un pueblo pequeño con solo un par de colmados polvorientos y unos cuantos edificios alineados en una calle de pista. De hecho, parece que el pueblo ha crecido porque es el punto final del autobús que lleva a la capital, así que encontrar un sitio para comer fue casi un milagro. El sitio era igual de básico que la carta, solo tenían un plato estofado de carne y legumbres, y el lugar era tan poco higiénico que Isabel prefirió quedarse en ayuno.

Habitaciones del Green Tree

En Butogota había poco que hacer y preguntamos si había algún café internet cerca (por preguntar que no quedara). Al poco ya estábamos subidos en unos boda-boda (motos) que nos dejaron en un local con ordenadores situado a un kilómetro del hotel. Allí estuvimos conectados un rato mientas afuera caía el diluvio universal.

Video: Uganda safari highlights Murchison Falls, Queen Elizabeth and Bwindi Impenetrable national park (Abril 2020).

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