América

Un día en Ushuaia: Museo Marítimo y navegación por el canal de Beagle

Pin
Send
Share
Send


Seguimos con los relatos del viaje a Argentina y explorando la Tierra del Fuego. En este artículo os relatamos nuestro segundo día de viaje, que además es un itinerario ideal si solo disponéis de un día en Ushuaia.

A las cinco de la mañana ya era completamente de día. Era nuestro primer amanecer en Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, y ese día lo íbamos a dedicar a visitar sus principales atractivos.

Tras desayunar y charlar un rato con María Cristina del B&B Nahuel nos pusimos en marcha. Bajamos hasta la avenida San Martín, eje principal de la ciudad, y caminamos hasta el extremo este. Eran las diez de la mañana y «feriado», así que había muy poco movimiento. Unos minutos más tarde llegamos hasta el Museo marítimo y del presidio de Ushuaia. Está situado dentro de una base militar y en la antigua cárcel de Ushuaia. Pagamos los 200 pesos de la entrada y dejamos las mochilas en las taquillas.

La antigua prisión alberga varios museos en sus instalaciones. El museo marítimo incluye una sala con maquetas de los barcos más emblemáticos que han navegado hasta Ushuaia en los últimos cinco siglos. Como la carraca Trinidad de Hernando de Magallanes que en 1520 surcó el estrecho que lleva su nombre. Al final de está exposición encontramos una reproducción de cómo era la vida de los primeros habitantes: los yámanas.

Cuando los primeros exploradores pisaron estas tierras les sorprendió que los yámanas no vistieran ropa, a pesar de lo extremo de la climatología. Tampoco tenía sentido, era mucho peor ir todo el día con ropa mojada que nunca se secaba que ir desnudo protegido con grasas naturales. Los yámanas eran un pueblo nómada que se alimentaba de la pesca y que encendía numerosas hogueras. Por eso los visitantes llamaron a esta zona Tierra del Fuego.

La siguiente sala del museo nos adentraba en la zona de celdas de la prisión. Dos pisos en los que las antiguas celdas se han reconvertido en pequeñas salas de exposiciones donde encontramos plafones con información sobre la fauna marina de la zona y una exposición con numerosas aves disecadas, información sobre la Antártida, sobre el ejercito argentino, etc…

A las 11:30h empezó la visita guiada, que está incluida en el precio de la entrada. Esta visita se centró más en la prisión y en las historias de algunos de sus internos más ilustres. La prisión del fin del mundo estaba destinada a delincuentes peligrosos y presos políticos. Esta prisión estuvo en funcionamiento entre 1904 y 1947. Sin embargo, esa no fue la prisión originaria que se instaló en Ushuaia. La primera se construyó en 1896 en la isla de los Estados pero las condiciones eran tan extremas que los presos difícilmente sobrevivían y finalmente fue trasladada al enclave actual.

La visita finalizó en el exterior de la prisión, en la recreación del faro San Juan de Salvamento, que es el faro que inspiró a Julio Verne a escribir El faro del fin del mundo. No obstante, el faro original tenía muchas deficiencias y no cumplía con su principal función, así que se acabó desmontando y se construyó uno nuevo en otro emplazamiento más idóneo. Algunos objetos del antiguo faro están en la réplica del faro que se puede visitar en el museo.

Acabamos la visita a mediodía, así que fuimos a buscar un lugar donde comer. Por lo general, Ushuaia es bastante cara, con sueldos altos para atraer a argentinos a vivir allí. Eso hace que el nivel de vida y de los restaurantes sea alto. Buscando dónde comer acabamos en el Bar Ideal, uno de los primeros locales de restauración que se abrieron en la ciudad y que ofrecía como menú del día pasta boloñesa por 145 pesos, aunque luego hay que sumarle el cubierto (16 pesos) y la bebida. Me pedí unos gnocchi que no estaban nada mal.

Después fuimos andando hasta el puerto para hacer una de las excursiones imprescindibles en Ushuaia: la navegación por el canal de Beagle.

Pin
Send
Share
Send