Europa

Escapada a Lisboa: excursión a Sintra y Cascais

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Como el pueblo está a sólo 277 kilómetros de Lisboa, aprovechamos el viaje para hacer una escapada allí con mi familia. No recuerdo cuantas veces he estado allí, pero también hacia al menos unos 6 años que no iba y me apetecía enseñar la ciudad.

Castillo da Pena en Sintra

Como íbamos en coche, la mañana del primer día la aprovechamos para ver las afueras. La visita empezó por Sintra. Este pueblo es famoso por ser el lugar de veraneo de los antiguos reyes portugueses y por ese motivo hay varios palacios allí. El más espectacular de ellos, según mi parecer, es el Palacio da Pena. Está situado en lo alto de una montaña y se accede a él a través de una carretera muy estrecha. Si vas en coche, hay que ir muy pronto porque si no, no hay sitio para aparcar (aunque hay un autobús urbano que lleva allí). Lo espectacular de Sintra es que está rodeado de árboles impresionantes y que el interior todavía conserva la decoración y los utensilios de la vida cotidiana, con lo cual uno se hace una mejor idea de cómo vivían allí. Lo malo es que tuvimos muy mal tiempo y la niebla no nos dejó disfrutar del paisaje. Una vez acabamos la visita, la intención era bajar a Sintra para ver desde fuera el Palacio Nacional de Sintra, pero el atasco monumental por las carreterillas y la falta de aparcamiento hicieron que pasáramos de largo. La segunda intención era ir al Cabo de Roca, que tiene unas vistas impresionantes del océano, pero entre que no encontré las indicaciones y estaba lloviendo un poco, decidimos ir a Cascais a comer.

Ayuntamiento de Cascais

Cascais es una ciudad costera que se encuentra a unos 30 minutos en coche de Lisboa. Es como la Sitges de allí, porque viven ricachones y futbolistas. La visita se deslució por la lluvia horizontal (si, ¡horizontal!) y la falta de paraguas.

Catedral de Lisboa

Por suerte, llegando a Lisboa dejó de llover y el cielo se despejó. Así que la primera parada fue en el Miradouro de Santa Luzia en el barrio de la Alfama. Desde este mirador se puede disfrutar de una bonita vista de la ciudad, sobre todo durante el anochecer. Como mi madre no podía andar muchas más cuestas, bajamos hasta la Sé (catedral) pero estaba cerrada, así que fuimos andando hasta el barrio de la Baixa. Allí visitamos la Praça du Comerço, que es una plaza enorme con los edificios pintados de amarillo y con el río Tajo en frente. Luego, como todo el mundo estaba muy derrotado, paramos a cenar en una terraza situada en la Rua da Prata. Por suerte los precios en Lisboa son mucho más bajos que en Barcelona.

Panorámica de Lisboa

Para mí lo mejor de todo fue comprobar que Lisboa sigue teniendo esa pátina en los edificios y ese aire de decadencia que la convierte en una ciudad especial. A muchos nos les gusta nada, pero a mí me encanta porque la hace auténtica y no es como un parque temático.

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