Europa

Día 3: Córdoba y Madrid por Míriam

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El jueves nos despertamos con lluvia en la que sería nuestra última mañana en Madrid. El tiempo ideal para ir a tomar unos churros con chocolate calentito en la chocolatería San Ginés (otro de los lugares que descubrimos gracias a Isabel). Llegamos a las nueve y cuarto, pero nos dijeron que hasta y media no abrían, así que dimos una pequeña vuelta por la zona bajo el paraguas. En las calles cercanas a la chocolatería, nos sorprendió ver unas cuantas tiendas de artículos religiosos, como custodias de plata y túnicas de obispo. De vuelta a la chocolatería, entramos y pedimos directamente chocolate con churros. ¡Qué bien nos sentaron! De nuevo, me gustó descubrir un lugar en Madrid con solera y una historia interesante (¡la referencia a Valle-Inclán es inevitable!).

Churros con chocolate de la chocolatería San Ginés

Al salir, seguía lloviendo con ganas. Con mejor tiempo hubiésemos ido a pasear por la calle Preciados, pero viendo el panorama, nos metimos directamente en la FNAC y estuvimos un buen rato entretenidos… A las once y media volvimos al hotel para recoger las maletas, ya que a las doce salía nuestro tren hacia Córdoba. Por cierto, no he mencionado nada sobre el hotel, el Edén Neptuno, del cual quedamos bastante contentos por su ubicación, precio y comodidad. Todos los hoteles del viaje los encontramos a través de Tripadvisor ¡y la verdad es que quedamos muy satisfechos!

Patio Hotel San Miguel en Córdoba

A las doce salimos puntualmente de Puerta de Atocha. Fue curioso que, a pesar de haber comprado dos billetes en clase turista, en realidad nos asignaron dos asientos en preferente. De camino a Córdoba yo interiormente iba rezando para que el tiempo mejorase. Estaba nublado y, conforme nos íbamos acercando a nuestro destino, veíamos los campos inundados por las recientes lluvias torrenciales. Eran las dos menos cuarto cuando llegamos a Córdoba y lo primero que hicimos fue dirigirnos a la oficina de turismo. Queríamos preguntar sobre todo por las visitas a Medina Azahara y nos informaron que hay buses diarios que parten desde el centro de la ciudad. De martes a viernes (el lunes está cerrado) salen dos buses, los sábados hay tres y los domingos, dos. Por cierto, nos avisaron de que si comprábamos billetes para el primer bus teníamos que volver en el mismo. De todos modos, las perspectivas meteorológicas no eran demasiado buenas para poder realizar la excursión.

Paseando por la judería.

Para llegar al hotel cogimos un taxi, con tan mala suerte que pillamos un atasco en el centro de la ciudad. El Hotel San Miguel, donde nos alojamos, tiene un bonito patio interior. ¡Lástima que no pudimos disfrutar de él por culpa de la lluvia! A la hora de comer, pedimos consejo al recepcionista, que amablemente nos recomendó un par de tabernas cercanas al hotel. Finalmente nos decidimos por la Taberna Góngora, donde pudimos degustar unas estupendas tapas: salmorejo (¡qué gran descubrimiento!), jamón ibérico, boquerones, albóndigas y rabo de toro (¡muy tierno!). Y suerte que nos pedimos medias raciones, ¡porque acabamos llenísimos!

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